25 de enero de 2009

La niña de los tres nombres

La niña de los tres nombres es la historia de una jovencita de nueve años a quien todos conocen en el pueblo como Lieneke. Lieneke vive con el médico y su mujer, que dicen ser sus tíos.
La realidad sin embargo es muy diferente. Lieneke se llama Jacqueline, la mezcla de los nombres de sus progenitores, Jack y Lien, dos holandeses de origen judío. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y ante el preocupante cariz que toma la política nazi ante el pueblo judío, los padres de Jacqueline deciden separarse de sus tres hijas y enviarlas con amigos de confianza que viven en pueblos de Holanda.
Tras conseguir una nueva identidad, Lieneke se va con su hermana a una granja. Más tarde, cuando la situación se agrava, el su padre, que ahora se hace pasar por su tío, cree que es más seguro separar a sus hijas y enviarlas con otros amigos. De este modo llega Lieneke a la casa del doctor Kohly y su esposa, que llegan a ser su segunda familia. La pequeña se integra en el pueblo y consigue algunos amigos. Sin embargo en su corazón añora a su familia.
La novela comienza precisamente cuando el doctor Kohly le entrega a Lieneke una carta de su padre. No se trata de una carta normal. Es una carta con dibujos, chistes y sobre todo con una buena carga de esperanza para la niña. En ella le Jack le hace una propuesta a su hija: escribirse todos los meses una carta ilustrada. Y así entre la transcripción de las cartas ilustradas de Jack a su hija se van intercalando los capítulos en los que nos iremos enterando de la vida anterior de la protagonista, y también del desenlace final de su aventura.
Uno de los aspectos que conviene señalar sobre La niña de los tres nombres es que nos encontramos ante una novela que se basa en acontecimientos reales. Sin embargo, frente a otros libros, como El diario de Ana Frank, no nos encontramos ante una obra autobiográfica. La autora del libro, Tami Shem-Tov ha escrito la historia de Lieneke con la ayuda de la protagonista, que ahora tiene un nombre judío, está casada y ya es abuela.
Las cartas que aparecen en la novela sí que son las que recibió Lieneke durante su estancia en la casa del doctor Kohly. Introducen en la novela un elemento peculiar: están escritas en holandés (se adjunta por supuesto una traducción al margen de cada página) y con sus dibujos llenan de colorido el libro. En ellas percibimos el amor de un padre que, sin negar la situación negativa en la que se encuentra la familia, intenta llenar de alegría a su hija evitándole preocupaciones inútiles. Estas cartas hans sido donadas al Museo en Memoria de los Niños, de la Casa de los Combatienes de los Guetos.
La calidad literaria de la obra no es especialmente destacada. Nos encontramos de nuevo ante un libro de lectura agradable, bueno para momentos de cansancio, pero que no llega a la categoría de un Sin destino de Imre Kertész, premio Nobel de Literatura, de la que hablaré en otro momento. Más que una obra para comprar, se trata de una novela para tomar prestada de una biblioteca. Para las personas sensibles a relatos de niños en el Régimen Nazi un aviso: es apta para todo tipo de sensibilidades.

3 comentarios:

  1. Esta libro tan conmovedor y precioso me ha dejado sin palabras. Ademas los dibujos son geniales!
    Una de las mejores lecturas de siempre.

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  2. Me gustó mucho este libro. Puede que no sea una obra maestra, pero sí es una lectura que recomiendo.
    Buena reseña.
    ¡Nos leemos! :)

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  3. Me gustó mucho este libro. Puede que no sea una obra maestra, pero sí es una lectura que recomiendo.
    Buena reseña.
    ¡Nos leemos! :)

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