18 de marzo de 2009

La hermana

Para el Dr. C. Viteri, buen médico y excepcional persona



No sé si conoceréis la sensación de leer un libro apasionante de un modo vertiginoso. Los ojos se deslizan por las palabras a toda velocidad, las manos pasan páginas y el tiempo transcurre de un modo diferente, al margen de la lectura. El cerebro sólo piensa obsesivamente en el siguiente instante que podrá robar al transcurrir de la vida diaria para poder avanzar y descubrir los tesoros que la lectura le va a deparar.
Esto es lo que me ha sucedido con La hermana, la última de las novelas que Sándor Marai escribió antes de salir exiliado de su país.
La acción arranca como consecuencia del encuentro de dos conocidos en una especie de refugio de montaña, en Transilvania, durante la tercera Navidad desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial. A consecuencia de un incidente a consecuencia del cual dos personajes mueren durante el día de Nochebuena, un famoso músico mantiene con un escritor, al que conoce por frecuentar los mismos círculos sociales, una conversación, en la que el este últimodescubre dos cosas sobre el músico: que éste se ha retirado del ejercicio musical debido a una seria enfermedad y que a consecuencia de su experiencia ha escrito un manuscrito sobre la vivencia del dolor que el músico promete entregarle al día siguiente. Cuando amanece, el músico se muestra distante y no vuelve a hablar de su escrito. Los dos amigos se separan y regresan a sus respectivos destinos. Pasados ocho meses, y cuando el escritor ya ha olvidado los acontecimientos de la Navidad, recibe un grueso sobre. Al abrirlo se encuentra con el manuscrito prometido, que le remite el consulado de Suiza, país en el que el músico acaba de morir.

El escritor, tras examinar el escrito de su amigo y preguntarse qué debe hacer con él, decide darlo a conocer, al considerar que ese sería el deseo del músico.
Y aquí comienza la segunda parte de la obra, en cierto sentido, la central. En ella un músico cuenta su relación con la enfermedad, su toma de contacto con ella, las reflexiones que le suscita, la aceptación, la lucha, los momentos de desaliento y, ante todo, las conversaciones con los médicos.
Con ellos establece el paciente una singular relación de amistad y desconfianza. Sabe que su enfermedad es seria, quizá mortal, pero los médicos no le revelan claramente qué padece. Habla con el anciano médico experimentado y con el joven asistente, que está convencido que la enfermedad es consecuencia de un apartamiento de Dios y que sólo un auténtico chamán, capaz de reorientar el alma humana, es el ser que puede curar el cuerpo.
Sándor Marai es un excelente escritor y me atrevería a afirmar que esta obra es quizá la mejor o una de las mejores del autor. En ella nada se deja al azar. Desde las palabras utilizadas para expresar los pensamientos de los personajes, el tipo de narrador empleado (protagonista en primera persona) , los monólogos interiores, pasando por el espacio en que se desarrolla la acción, el momento elegido, la caracterización de las figuras centrales (que no son en vano dos artistas) hasta llegar a la estructura de la obra, en la que un escritor incluye una narración dentro de la narración, todos los elementos de la obra están perfectamente medidos y empleados.

La riqueza temática de esta novela es también muy grande. En esta novela el escritor arranca de dos asuntos muy fuertes, la enfermedad y la muerte, y apartir de ellos plantea los demás temas esenciales de la vida, porque, precisamente, en un momento tan decisivo como es el de la enfermedad, muchos de estos motivos son objeto de reflexión por parte del sujeto enfermo. Así el amor, el sacrificio, el dolor y su vivencia, Dios, el orden del universo, la muerte, el objeto de la vida, el arte, la relación entre el mundo físico y el espiritual son tratados al hilo de la enfermedad del músico protagonista y narrador de este relato dentro del relato.

2 comentarios:

  1. Anónimo3/18/2009

    ¡Bueno, bueno, vecinita de al lado! ¡Ya veremos (decía un ciego) si tengo que despojarme de mi sombrero ante ésta que es (in your opinion) la mejor obra de Marai, o si me mantengo en mis veintiséis (trece plus trece) con relación a la que, hast'orita, es (in my opinion) la mejor, esa otra cuyo título no dejo aquí escrito porque vós, linda, sabés a cuál me refiero!
    P.D. Si, tras la lectura de "La hermana", tengo que levantar la copa en su honor, lo haré, por supuesto, sin remilgos, rindiéndome a la aceptación de esa verdad a la que habré llegado (tras su lectura, insisto) de colocar a tu favorita en el primer puesto en el ránking marainiano...
    P.D.(2) Por lo demás, ¡dale, Mary!, seguí como hasta el momento, saludándome literariamente cada mañana desde la puerta posterior a la mía. ¡Sós divina!

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  2. Grasitas, guapa. Espero que sigás divirtiendote a costa de los vecinos del otro mundo. No sé si te gustará más que el que vos considerás mejor. Pero por lo menos lo encontrarás a la misma altura del Parnaso.
    Cciao

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