16 de febrero de 2017

La solterona de Edith Wharton

Edith Wharton
Para los lectores empedernidos que ya hemos superado los cuarenta, puedo dar una gran noticia: los clásicos no se agotan y siempre nos aguarda a la vuelta de la estantería un nuevo autor dispuesto a sorprendernos con su obra. Este es el caso de Edith Wharton, una escritora de la alta sociedad neoyorquina, muy conocida por dos de sus obras: La casa de la alegría y La edad de la inocencia. Además de estas novelas Edith Warthon es autora de multitud de novelas, cuentos y libros de viajes que, personalmente desconocía y me están sorprendiendo gratamente. Entre ellos se encuentra la novela La solterona.
Editada recientemente en Impedimenta, La solterona se centra en una de las grandes pasiones femeninas, la maternidad y aborda el tema de un modo original, sirviéndose de él para criticar, como suele hacer en sus novelas, la actitud hipócrita y cobarde de las familias adineradas, que constituyen la alta sociedad
en la ciudad de Nueva York.
Si en algunas páginas web -incluidas Wikipedia- se tacha a las novelas de la escritora como narraciones carentes de acción, no podemos decir lo mismo de la obra que nos ocupa. En ella la sucesión de los acontecimientos y sus frutos sirven para realizar un magnifico estudio de la psicología femenina. 
Edith Wharton cuenta en La solterona la historia de dos mujeres condenadas a entenderse. La cuarta generación de la familia Ralston se incluye dentro del grupo de ciudadanos respetables de la ciudad de Nueva York, en cuyas acciones sociales, comerciales y caritativas participan de un modo tan destacado como prudente: lo suficiente para destacar sin arriesgar su posición y consolidad su posición social. La acción se inicia cuando James Ralston, miembro de esta cuarta generación contrae matrimonio con Delia Lovell, una joven atractiva de una buena familia. 
Y mientras se prueba un sombrero para una boda, Delia considera cómo han transcurrido  los primeros años de su matrimonio, sin grandes preocupaciones ni alegrias,  con monotonía. Incluso la llegada de sus dos hijos, dos perfectos Ralston, no satisfacen por completo su vida interior. Y esa misma vida es la que va a empezar esa semana su prima Charlotte, quien se dispone a casarse con Joe,  un pariente de James Ralston. Charlotte, una muchacha enferma de tuberculosis, parecía abocada a permanecer soltera por el resto de sus días. Sin embargo, tras una estancia en una institución fuera de la ciudad, regresó a ella curada. Con fuerza renovada Charlotte creó una institución para acoger a niños abandonados a los que se dedica por completo. Delia admira por ello a su prima. Sin embargo y mientras se prueba el tocado de la boda, Charlotte aparece en su alcoba para anunciarle que suspende la boda. Su prometido insiste en hacerle abandonar la institución en la que acoge a los huérfanos para evitar el riesgo de que su futura prole contraiga ningún tipo de enfermedad, aunque promete dedicar el dinero necesario para su mantenimiento.
Delia no comprende a su prima y encuentra la actitud de Joe muy razonable. Pero Charlotte guarda un secreto. Al revelárselo  a su prima, alterará la existencia de ambas, ligándolas a vivir juntas de por vida en una tormentosa relación en la que cada una tendrá que ceder parte de sus derechos por un bien mayor.
No puedo adelantar más los hechos de la trama sin destrozar la lectura de esta obra. Pero sí puedo destacar varios aspectos: la perfecta construcción de los personajes, no sólo de los femeninos, sino también de los masculinos, algo extraño en una escritora tradicionalmente clasificada como feminista. Tanto Delia como Charlotte son figuras rigurosamente trazadas a través de sus acciones, sus pensamientos, sus palabras y la interacción entre ambas.
Otro aspecto muy llamativo es la traducción, que ha sabido reflejar la complejidad de la prosa de la escrita. Las primeras frases de la novela se encadenan como una partitura, dando paso a una narración fluida. Finalmente hay que destacar la ironía y la profunda y continua crítica que se realiza de las altas clases norteamericanas, en las que, siempre que se conserven las apariencias, todo está tolerado.

Toda la información sobre Edith Wharton en Edith Wharton Society
Bibliografía de Edtih Wharton en Proyecto Gutemberg


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